Capítulo16. De vacaciones en Torrevieja

Nos fuimos los 4, el Patxi, el Joseba, el Mikel y yo. Cogimos el coche del Patxi, un golf más viejo que cascorro, pero GTI, bajamos por el emule toda la discografía de Camela, y nos fuimos para Alicante.

Y aquí estamos, los cuatro, tomando una cervecita en una terraza en Torrevieja, viendo mozas. Estas vacaciones venimos a triunfar y como mínimo hemos decidido ligar bronce.
Nos vamos la playa y ahí es donde veo que las dificultades que vamos a tener para ligar son estructurales. Estamos en la playa y somos un cuadro, vaya cuadrilla de cuarentones.

Estoy tumbado en la toalla y veo a mi cuadrilla. El Joseba, muy pijo él, tiene un sobrepeso enorme, y está en el agua, con unas bermudas de tamaño descomunal. No se ha quitado la camiseta y tiene una toalla alrededor del cuello para recoger el sudor. Se está poniendo de un tamaño que empieza a disponer de su propio campo gravitatorio.
El Mikel no mejora mucho la imagen. Es flaco hasta la extenuación. Me acuerdo que le operaron de una hernia y no tuvieron que hacer radiografía para detectarla ya que es una radiografía en si mismo. Esta encima de mí lleva una braga náutica pero está tan flaco que desde aquí le veo las pelotas, y las tiene negras como si fuera un grillo.

El Patxi no está mal, pero tiene un puntito gay que hace que no le entren las tías, pero sí los tíos. Y yo no es que gane mucho.
En la playa hay mucho señor mayor con macizorra sudamericana o africana. Antes se trataba de viejos lobos de mar que habían encontrado su amor en algún puerto singular. Se mantenía el glamour de los curtidos marineros. Ahora se trata de cazurros de la construcción que se han ido de vacaciones a República y han vuelto con premio.

Pero la ilusión nadie nos la quita. Esa noche salimos de mariscada. Y luego de marcha, pero es la primera noche, estamos aún conociendo el mercado. Pero estamos cansados del viaje y volvemos pronto al apartamento.
En una cadena de esas que durante el día dan tarot y teletienda, y a estas horas dan pornografía. Pero que cutre, la verdad. Hay un tío montándoselo con una tía, y otro que esta mirando se está masturbando, con la peculiaridad que ha hecho un agujero a un melón, lo ha calentado en el microondas y se lo está haciendo con el melón. Y nos quedamos embelesados con el melón. Eso sí, con estos no vuelvo a comer melón con jamón en la vida, por si acaso.

Al día siguiente vamos a la playa a tomar el sol. Mira que hace calor en este pueblo. Y las mozas parece que no salen a la playa, porque no se ve ninguna.
Después de cenar, decidimos ir a la discoteca. Pagamos la entrada de una macrodiscoteca religiosamente, con su consumición, pero al entrar resulta que está completamente vacía. ¡Pues hemos pagado una pasta!

Preguntamos a una camarera y nos dice que la gente viene a partir de las 2 de la mañana, y aún son las 10 de la noche, así que optamos por salir.
El portero nos pone un sello invisible en la muñeca y el Patxi se queda discutiendo con él porque no sabe si se le borrará con el sudor, que prefiere un papel o justificante de pago.

Ante la mirada del portero de 2x2 optamos por llevarnos al Patxi de allí diciéndole que en todo caso, si se le borra la señal, le pagamos la entrada entre los demás.
Llegamos a la zona de pubs y veo a tres chicas sentadas en una mesa, y queda una silla libre. Me acerco y pregunto si está la silla libre. Me dicen que si, y aprovecho y me siento en la silla, con ellas, y me presento.

Pero parece que no les ha hecho gracia la broma, por lo que me levanto y me largo de allí. Empiezo a preguntarme que no solo es un misterio la supervivencia del pueblo vasco, sino de la humanidad en general.
Volvemos a la discoteca a eso de las 3, ya bastante calentitos, y nos encontramos que en la entrada se hace botellón. El parking está lleno de coches con el chunta chunta a tope.

Entramos en la discoteca y sólo nos hacen falta 5 minutos para darnos cuenta que la chavalería nos mira como si estuviéramos buscando al hijo de alguno de nosotros. Yo levanto las manos para que nadie pueda acusarme de tocarle el culo a una menor de edad, mientras que el Mikel acude a mi experiencia con la colombiana para instruirse en el ligoteo con chicas tan jóvenes.
La fiesta acaba en un baño de espuma, al que me nos metemos el Mikel y yo. Todos están en bañador o bikini menos nosotros. Al salir a la calle empapados nos damos cuenta de nuestro error.

Y desgraciadamente, ese primer día fue lo más interesante de nuestras vacaciones, que luego decayeron irremisiblemente hasta que volvimos a casa.
Esos días mis amigos preguntaban sobre mis avances en las redes sociales, y yo les conté con quienes había quedado, pero evitaba entrar en detalles sobre el desenlace. Les contaba los métodos que usaba, pero ninguno de ellos creía demasiado en los ligues por las redes sociales.

En realidad su experiencia les hacía bastante escépticos para cualquier tipo de ligue, ya sea vía red social, ya sea en el curro, ya sea de cualquier forma que se pueda imaginar.




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@txomin43




 

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