Y aquí estamos, los
cuatro, tomando una cervecita en una terraza en Torrevieja, viendo mozas. Estas
vacaciones venimos a triunfar y como mínimo hemos decidido ligar bronce.
Nos vamos la playa y
ahí es donde veo que las dificultades que vamos a tener para ligar son
estructurales. Estamos en la playa y somos un cuadro, vaya cuadrilla de
cuarentones.
Estoy tumbado en la
toalla y veo a mi cuadrilla. El Joseba, muy pijo él, tiene un sobrepeso enorme,
y está en el agua, con unas bermudas de tamaño descomunal. No se ha quitado la
camiseta y tiene una toalla alrededor del cuello para recoger el sudor. Se está
poniendo de un tamaño que empieza a disponer de su propio campo gravitatorio.
El Mikel no mejora
mucho la imagen. Es flaco hasta la extenuación. Me acuerdo que le operaron de
una hernia y no tuvieron que hacer radiografía para detectarla ya que es una
radiografía en si mismo. Esta encima de mí lleva una braga náutica pero está
tan flaco que desde aquí le veo las pelotas, y las tiene negras como si fuera
un grillo.
El Patxi no está mal,
pero tiene un puntito gay que hace que no le entren las tías, pero sí los tíos.
Y yo no es que gane mucho.
En la playa hay mucho
señor mayor con macizorra sudamericana o africana. Antes se trataba de viejos
lobos de mar que habían encontrado su amor en algún puerto singular. Se
mantenía el glamour de los curtidos marineros. Ahora se trata de cazurros de la
construcción que se han ido de vacaciones a República y han vuelto con premio.
Pero la ilusión nadie
nos la quita. Esa noche salimos de mariscada. Y luego de marcha, pero es la
primera noche, estamos aún conociendo el mercado. Pero estamos cansados del
viaje y volvemos pronto al apartamento.
En una cadena de esas
que durante el día dan tarot y teletienda, y a estas horas dan pornografía.
Pero que cutre, la verdad. Hay un tío montándoselo con una tía, y otro que esta
mirando se está masturbando, con la peculiaridad que ha hecho un agujero a un
melón, lo ha calentado en el microondas y se lo está haciendo con el melón. Y
nos quedamos embelesados con el melón. Eso sí, con estos no vuelvo a comer
melón con jamón en la vida, por si acaso.
Al día siguiente vamos
a la playa a tomar el sol. Mira que hace calor en este pueblo. Y las mozas
parece que no salen a la playa, porque no se ve ninguna.
Después de cenar,
decidimos ir a la discoteca. Pagamos la entrada de una macrodiscoteca
religiosamente, con su consumición, pero al entrar resulta que está
completamente vacía. ¡Pues hemos pagado una pasta!
Preguntamos a una
camarera y nos dice que la gente viene a partir de las 2 de la mañana, y aún
son las 10 de la noche, así que optamos por salir.
El portero nos pone un
sello invisible en la muñeca y el Patxi se queda discutiendo con él porque no
sabe si se le borrará con el sudor, que prefiere un papel o justificante de
pago.
Ante la mirada del
portero de 2x2 optamos por llevarnos al Patxi de allí diciéndole que en todo
caso, si se le borra la señal, le pagamos la entrada entre los demás.
Llegamos a la zona de
pubs y veo a tres chicas sentadas en una mesa, y queda una silla libre. Me
acerco y pregunto si está la silla libre. Me dicen que si, y aprovecho y me
siento en la silla, con ellas, y me presento.
Pero parece que no les
ha hecho gracia la broma, por lo que me levanto y me largo de allí. Empiezo a
preguntarme que no solo es un misterio la supervivencia del pueblo vasco, sino
de la humanidad en general.
Volvemos a la discoteca
a eso de las 3, ya bastante calentitos, y nos encontramos que en la entrada se
hace botellón. El parking está lleno de coches con el chunta chunta a tope.
Entramos en la
discoteca y sólo nos hacen falta 5 minutos para darnos cuenta que la chavalería
nos mira como si estuviéramos buscando al hijo de alguno de nosotros. Yo
levanto las manos para que nadie pueda acusarme de tocarle el culo a una menor
de edad, mientras que el Mikel acude a mi experiencia con la colombiana para
instruirse en el ligoteo con chicas tan jóvenes.
La fiesta acaba en un
baño de espuma, al que me nos metemos el Mikel y yo. Todos están en bañador o
bikini menos nosotros. Al salir a la calle empapados nos damos cuenta de
nuestro error.
Y desgraciadamente, ese
primer día fue lo más interesante de nuestras vacaciones, que luego decayeron
irremisiblemente hasta que volvimos a casa.
Esos días mis amigos
preguntaban sobre mis avances en las redes sociales, y yo les conté con quienes
había quedado, pero evitaba entrar en detalles sobre el desenlace. Les contaba
los métodos que usaba, pero ninguno de ellos creía demasiado en los ligues por
las redes sociales.
En realidad su
experiencia les hacía bastante escépticos para cualquier tipo de ligue, ya sea
vía red social, ya sea en el curro, ya sea de cualquier forma que se pueda
imaginar.
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@txomin43


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