Capítulo 17. Una noche en Santander

Hoy voy con ilusión. He quedado en recoger a una chica en Santander, que parece inteligente, y lo más importante, me ha asegurado que tiene un culo perfecto, que lo ha heredado de su abuela y que está orgulloso de él.

La recojo en un centro comercial de Maliaño y desde que la veo no dejo de pensar en ese culo. No parece que sea perfecto, pero grande lo es un rato. Redondo, voluptuoso, generoso en sus formas, perfecto en su curvatura, eso sí, pero exageradamente enorme, con unos radios internos sobredimensionados.

Vamos a cenar. Hemos quedado que ella cogía un hotel, pero no ha cogido nada, que ya veremos sobre la marcha. Ya te digo yo lo que supone coger un hotel en el Sardinero sobre la marcha, que mi tarjeta de crédito no se atreva a salir de la cartera.

Damos un paseo por la playa antes de cenar, y es el momento de ir preparando la noche. La agarro de la cintura, pero se separa, que no agobie, me dice, que el premio ya llegará. En fin, mal empezamos.

Nos acercamos al mar y le suelto una frase genial que me he bajado de google.

-         ¿Sabes? Hay personas que ven el mar como un límite, buscan la seguridad de la tierra firme, viven de espaldas al mar, mientras otras lo ven como una oportunidad de huida, una barrera a romper para escapar de su realidad cotidiana, viven mirando constantemente al horizonte, al futuro.

-         Ajá…

-         Pero yo veo el mar reflejado en tu mirada, en esa mirada serena, con esa chispa de inteligencia que tienes, una mirada a la que me asomo y en el fondo de ella puedo vislumbrar hasta tu alma…

Es el momento, según hablo de sus ojos, me acerco a ella, despacio, buscando sus labios, para besarla, pero la tía coge y me salta.

-         Anda, no seas hortera, que tengo unos ojos marrones muy feos.

-         Las chicas no tienen ojos marrones, sino de color miel o de color chocolate…

-         Los míos son marrones y punto.

La hostia, que romanticismo. De ahí vamos a cenar y se pasa toda la cena criticando a la camarera, que era sudamericana. Y encima la chica lo hizo todo bien, pero nada, inundó la cena de comentarios racistas, que iban aumentando en volumen según aumentaba la ingesta de vino.

Salimos de cenar y me propone ir a un hotel. Menos mal, porque si se toma otra copa la llevo a casa, o más bien, al centro comercial donde la recogí.

Hay un hotel en el Sardinero que parece como familiar. Cogemos una habitación por 120 € (que se corresponde con que no salgo los siguientes dos fines de semana) y encima es cutrecilla, cosa que la tía enseguida me echa en cara. No, ¡si aún pretende que le lleve a un 5 estrellas!, aunque me da que no me iba a costar mucho más.

La empiezo a desnudar y la tía echa a correr por la habitación, que quiere jugar. Para juegos estoy yo, no tengo otra cosa que hacer que saltar encima de la cama, que además igual se cae, que no me inspira demasiada confianza.

Pero mover semejante culo no es tarea fácil, por lo que enseguida la atrapo y la tumbo sobre la cama, y la intento besar en la boca, pero me salta que en la boca no besa, que es algo personal. No te jode que la tía se cree Pretty Woman.

Al quitarle la camiseta descubro que lleva faja. Y claro, al quitar la faja descubro que el culo está compensado, que con la tripa que se libera su centro de gravedad queda perfectamente equilibrado.

Y tumbada sobre la cama veo que empiezo a tener dificultades de acceso. Empiezo a acariciarle las tetas, enormes por cierto, pero me dice que se las deje tranquilas, que me centre en lo que me tengo que centrar.

Y me zambullo entre aquellos dos muslos, y separando pliegues llego a su sexo. Intento lamerlo, pero la falta de oxígeno y el calor húmedo asfixiante y sofocante de aquel su rincón anatómico me retraen a posiciones más clásicas y con más aire.

Intento el misionero, pero apenas llego a penetrarla un par de centímetros, cosa que ella achaca a mi tripa incipiente. No te jode la vacaburra esta.

La llevo al borde de la cama, cargo con sus piernas sobre mis hombros, y yo de pie, comienzo la faena. Pero nada, la tía se retrae hacia arriba y no llego, y de momento no la tengo serpenteante, con lo que tampoco es solución.

La tía se impacienta y yo no sé cómo estoy consiguiendo mantener la erección en tales circunstancias, por lo que opto por ponerla a 4 patas. Y joder que espectáculo. La verdad que el culo era perfecto, sobredimensionado, pero perfecto, y mostraba un espectáculo maravilloso en toda su curvatura. Y descubro que a pesar de ser duro y firme, lo consigo separar a los lados y penetrarla profundamente desde ahí.

Consigo a pesar de las dificultades un polvo medianamente decente, salvar los trastos y la situación. A la tía la siento además dos orgasmos.

Nos tumbamos en la cama y la tía enciende un cigarro, echando el humo directamente al cartel de prohibido fumar. Y se me sincera.

-         Mira, darling, yo trabajaba hasta hace un mes en Londres, at London, y me enamoré de un chico de badoo. Era inteligente, como yo, de mi nivel intelectual y social, y dejé todo y me vine aquí a conocerle. Do you know? Pero él me dice que quiere una relación abierta conmigo, open relation, y por eso me digo, ¿quieres relación abierta? Toma relación abierta. Ayer quedé con un tío, hoy contigo, mañana he quedado con otro y pasado con otro, se va a enterar éste de lo que es una relación abierta. A fucking relation.

Yo la escucho pensando en repetir el polvo, en cómo resolver el problema del acceso a la cópula con tamaña dificultad, o sea, sin hacerla ni puto caso, y de repente se me pone a llorar. Que si no puede, que si no es lo suyo, yo que sé qué cosas me está contando, pero me está entrando sueño. Le propongo dormir un rato, que yo la abrazo, si llego a abarcarla, claro, pero que no, que quiere irse a su casa.

Me da una pereza de la leche ir otra vez hasta Maliaño, pero me doy cuenta de que va a ser la única manera de conseguir dormir esta noche, así que nos vestimos y bajamos al coche.

En el viaje empieza a hacer ruidos con la nariz, como pequeños ronquidos. Joder, que tía, que experiencia para no contar. Intento ignorar los ruiditos que hace, pero me está entrando la risa.

-         Es que cuando me agobio se me taponan los oídos y así se destaponan.

Aibalahostia que aventura. La dejo donde la recogí y me vuelvo al hotel. La de recepción me mira sonriendo, como diciendo que la tía se me ha ido. Lo que no sabe el alivio que siento.




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@txomin43




 
 
 

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