Empiezo a recuperar
tipo, perdiendo kilitos. Me hago adicto a la endorfina. Y encima, el roce del
sillín con la próstata poco a poco va
haciendo que mi lívido se estabilice.
Sustituyo el subidón de
los orgasmos por el subir puertos. Primero los de casa, Orduña, Herrera,
Urkiola… luego otros más míticos como Tourmalet, los Lagos de Covadonga, el
mítico Angliru.
Me pongo en forma y
poco a poco voy pasando del sexo, de un sexo que no me ha funcionado, que no me
ha llevado a nada. Se ve que el destino no tenía preparado eso del sexo para
mí.
Un día volvíamos a casa
y paramos en un pueblo a tomar algo con las bicis. Un día soleado. Estábamos en
la terraza de un bar cuando de repente se sienta al lado la chica del
aparcamiento, la de seguridad.
Se me queda mirando y a
mí me entra la risa. La verdad que sin el uniforme es una chica muy mona, sin
resaltar, pero guapa.
La saludo y se me pone
a hablar.
-
Ya sabes que lo he dejado, no me verás
más en ese parking haciendo cosas raras.
-
Es que tío, ya te valía. Mira, a mí no
me importa, pero se queda grabado en las cámaras y a mí me cae un marrón del
copón.
-
Si, parece que cuando lo hacemos no
pensamos en esas consecuencias.
-
Además tío, eras un Don Juan, cada día
con una.
-
No creas, si te soy sincero, tú eres la
chica que más veces me ha visto la polla, jajja
-
Jajja, no seas grosero, anda.
-
He dejado eso del sexo, lo he sustituido
por la bici. Oye, ¿quieres tomar algo esta tarde? Por los viejos tiempos…
-
Jajja… eres muy peligroso para mí.
-
Venga…
-
Entro a las 12 de la noche de turno en
el parking, si quieres quedamos a tomar algo por la tarde.
-
Te recojo a las 8 donde tú me digas
-
Ok
Después del intercambio
de móviles emprendemos la ruta a casa con las bicis. Por la noche paso a
recogerla y tomamos unos pintxos y unas cervecitas. Me es extraño, no siento
ese deseo animal que sentía siempre que quedaba con una tía, al contrario, nos
reímos y charlamos naturalmente.
Tomamos una copa en una
terraza, aprovechando la miniola de calor que estamos pasando, haciendo bueno
el chiste ese de que me encanta el verano en Euskadi, ¡es el mejor día del año!
La acompaño a trabajar
y vamos haciendo el tonto. Se me pega y se separa, vamos agarrados de la mano,
echándonos unas risas.
Entramos en el parking
y vamos al vestuario que está detrás de la garita, y ahí me empieza a besar, a
acariciar y acabamos haciendo el amor, de una manera suave, distinta a las que
había vivido hasta entonces.
-
No te preocupes, aquí no hay cámaras de
seguridad.
Me quedé pegado a ella
después de hacerlo en el suelo de aquel vestuario. Fue una cosa distinta,
natural.
Ahora vive conmigo. Me
he vuelto a engordar porque no tengo tiempo para la bici con ésta, y además en
buena cocinera.
Y de cuadrilla somos
ahora 5, ya que ésta sale con nosotros.
Me ha cambiado la vida.



No hay comentarios:
Publicar un comentario