Capítulo 3. Cara ronda

Otra noche anodina, otro gran debate sobre la crisis, sobre las medidas de Rajoy, sobre el pobre Patxi, que está cabreado que este año no cobra la extra a pesar de haber tenido que estudiar 4 años para sacar una plaza de funcionario, y que está pensando demandar al gobierno debido a que en su contrato pone que cobrará 30.000 aurios brutos distribuidos en 14 pagas, y que si le quitan una, que le distribuyan los 30.000 entre 13 pagas.

Me acerco a la barra a pedir, y hay una chica guapísima.

-         Hola, tú no eres funcionaria.

-         ¿Por qué lo dices?

-         Porque sería difícil mantener esa preciosa sonrisa si te hubieran quitado la paga extra.

-         Jaja, que majo, gracias.

-         Las tuyas, frase hecha.

-         Jaja… pues te tengo que confesar que sí soy funcionaria y que sí me han quitado la paga extra.

-         Vaya putada, lo siento… y aún así mantienes esa preciosa sonrisa…

-         Venía con la cara, jaja

-         Me veo obligado a compensar al cabrón de Rajoy, y pagar yo esta ronda…

-         De acuerdo, por mí no hay problema

En esto que llega el camarero, y empieza a traer dos gintonic, 3 copas de cava, dos patxaranes, varias cervezas… y la chica y dos amigas suyas se apresuran en llevarse todo.

Y la chica se despide de mí dándome un beso en la mejilla y diciéndome.

-         Gracias por el piropo… y por la ronda, jaja

Y se va sonriendo. El que no sonríe es el camarero, puñetero armario de 2 x 2 metros, que me dice simplemente:

-         78

Saco dos billetes de 50, pago… y me vuelvo al redil con las orejas gachas, mientras la cuadrilla se está partiendo el eje.

Pero la verdad, es que estoy envalentonado, y aprovechando que las mozas están cerca, vuelvo a dirigirme a la chica.

-         ¿Y qué celebráis que andáis con esas rondas?

-         Mi cumpleaños, hemos salido las amigas a celebrarlo

-         Felicidades

Le planto dos besos, y me presento

-         Yo me llamo Ana, pero la edad… no te la voy a decir, es un número secreto, jajja

-         Seguro que tan solo ese número es secreto

-         Ese y el pin de mi tarjeta de crédito

-         ¿Nada más?

-         No, que yo sepa, jaja

-         Entonces… dame tu móvil, que lo apunto al lado de tu nombre

-         ¿Para qué lo quieres si no me vas a llamar nunca?

-         ¿Cómo lo sabes?

-         Porque después de esta noche no te van a entrar ganas de llamarme, jajaja

-         Prueba a ver…

-         Y además, imagina que coge mi marido… ¿qué le dirías? ¿Qué eres el chico que pagó la ronda de mi cumple? Te lo agradecerá y posiblemente te llame para que salgas a celebrar con él también su cumple, jajja

-         Vaya, sois una cuadrilla de chicas casadas

-         No todas, esa de ahí, está soltera y sin compromiso

-         Uy… ¡preséntamela!

-         Jaja… no… Te voy a dar un consejo, y va a ser gratuito. Si me entras a mí, quédate con mi no. Puede que te lo haya dicho con la boca pequeña, y espere que insistas, pero sin pasarte, pero si entras a mi amiga, ya te llevas dos noes rotundos. El suyo porque no quiere ser segundo plato, y el mío porque si antes tenía dudas, ya las he despejado al ver tu poco interés.

-         Pues vaya…

-         ¿Ves? Te he ahorrado un montón de trabajo y te he corregido tus problemas con la estadística. Por ejemplo, si en un bar hay 50 chicas distribuidas en 10 cuadrillas de 5 chicas cada una de ellas, y tu estadística dice que de cada 50 que entras, una te dice que sí, verás que si entras a las 50, todas te dirán que no, porque debes escoger a una chica de cada cuadrilla… ¡y sin que te vean las cuadrillas de alrededor!

-         Sabio consejo

-         Pues nada… a otro bar, que este… ya lo has quemado, jaja

Este es el momento en el que me fijo que el Joseba, otro de la cuadrilla, se ha acercado, ha escuchado la conversación y se está partiendo el culo.

Sólo me queda volver con las orejas más gachas aún después de la segunda colleja, a la cuadrilla, que en cuando el Joseba cuenta la conversación, se parten aún más de risa que antes, mientras mi mirada se pierde en la espalda de la moza que me ha dado la lección, una lección que encima no ha sido gratuita, sino que me ha costado 78 euros.

Quiero darme la vuelta para un tercer intento, pero Joseba me agarra del cuello y me dice que cambiamos de bar. Al salir la sonrío, y ella me devuelve la sonrisa, pero me da que no hay complicidad entre nuestras miradas, en fin.



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@txomin43

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