Capítulo 9: Un ligue del este


Lo primero que hago es abrirme una cuenta en hi5, creo un perfil y empiezo a hacer una búsqueda por edad y por zona, dentro de la comunidad autónoma, dentro de la ciudad.

Empiezan a aparecer fotos de chicas con un puntito verde y empiezo a entrarlas con una frase ingeniosa, como todas las frases ingeniosas que se me ocurren habitualmente.

-         Soy el pastelero del amor, y tengo un pastelito para ti, ¿quieres probarlo?

Así no se me pueden resistir, seguro. Y efectivamente, al poco una tal Desiré se me contesta. Mira que bien, qué fácil. Me da una dirección de msn para que la agregue, pero ahí aparece otro pequeño problema, fruto de mi ignorancia sobre las redes sociales… ¡Qué coño es eso del msn!

Empiezo a investigar en google y veo que es una especie de chat que hay que descargar un programita y que nos va a dejar ver por la cam.

Después de conseguir instalarlo y conseguir mantener la atención de Desiré la agrego y cuando pincho, la cosa se estropea. Alguien que me habla en inglés y que no se le entiende ni me hace caso me deriva a una página web donde tengo que registrarme, y dar el número de mi tarjeta de crédito, y resulta que la Desiré es ciberputa, anda, no me jodas.

Nada, borro a la Desiré y sigo pinchando en hi5 y me contesta una tal Ruana. No es que se le entienda mucho, pero acaba dándome su msn, otra vez. ¿Será otra ciberputa?

La agrego y enseguida se conecta, aunque sigo sin entender lo que dice, para mi que no habla castellano, y me da que no es tampoco euskera clásico lo que habla. Yo ya la empiezo a vacilar con frases como “mi no comprender” y la tía coge y se quita la camiseta y se queda en tetas, anda, no me jodas.

Pongo la frase mágica… whatsapp?

Y me deja un número de móvil. Mira, ya tengo para empezar con algo. Le mando un guasap y me contesta y sigo sin entender en qué idioma me habla, por lo que opto por poner una hora y una dirección, y me contesta un claro y rotundo ok.

Pues nada, me empiezo a preparar y para acudir a la cita. Echo un vistazo a mi casa, que está más o menos decente. Estos días he cambiado todas las sábanas, y no hay sorpresas en la nevera. El primer paso, el de adecentar mi entorno, se ha cumplido.

Salgo y acudo a la cita, y me encuentro con la moceta, que está en la puerta del bar esperándome. Estas chicas del este son muy guapas hasta los 20 años, delgadas, rubias, ojos claros, pero a partir de ahí les cambia el color de ojos, de pelo, y la figura. Y esta rondará ya los treintaymuchos, por lo que la lorza de la que me agarro ya empieza a tener raíces profundas.

Andamos abrazados y la chica es que no calla. Está todo el rato hablando… y no entiendo ni jota. Y por más que le digo que no entiendo nada, sigue hablando y hablando.

Entramos en un bar y le pregunto qué es lo que quiere tomar, pero es un caso perdido, por lo que la saco una coca cola y yo me saco una cerveza. Y sigo escuchando la parrafada que me está contando.

Como veo que ella tampoco me entiende le empiezo a decir guarrerías. Nunca se las había dicho a una chica, y mucho menos ésta me las había escuchado sonriente. Le empiezo a decir cómo me la quiero comer, subiendo el tono de mis palabras, que quiero que me la coma y ella erre que erre. ¿De qué país será? Porque mira que hay países en el este de Europa y cada uno con un idioma diferente.

Al final me agarra de la mano y me empieza a decir algo así como

- Vino cu mine, noseque de la familia mea

Y la sigo, que me agarra de la mano y me lleva hacia las afueras. Me mete en un portal y yo ya me empiezo a hacer ilusiones, esta no se me escapa, por fin.

Abre la puerta de su casa… y se jodió el invento. Aquello no era un piso patera, era un piso Titanic. Allí aparecieron 3 niños, una señora mayor, un adulto peludo en camiseta, dos chicas jóvenes con pintas un poco raras.

La chica me lleva a una habitación, que reina en el desorden. En esa habitación llena de literas duerme la mitad de la casa. Empieza a desnudarse, sin callar, y me fijo que en la cama de arriba de una litera hay otro niño, con una psp. La tía empieza a chillarle y el crío se larga, pero yo ahí no puedo hacerlo, con lo que me empiezo a separar, intentando salir de la habitación.

Por fin la chica se da por aludida, y se vuelve a vestir. Me hace gestos para que me quede en el cuarto y sale un momento, y empieza a dar voces con el tío con pinta de ex militar albano-kosovar que hay en camiseta fuera.

Empiezo a estar acojonado y me vuelve a entrar con las dos chicas. Una come chicle mientras me mira con cara de asco, mientras la otra no es que parezca que se ha esnifado un bote de pegamento y medio, sino que debe ser cliente preferente de loctite.

Y me empieza a decir, señalándome a las chicas, y levantando un dedo.

- 20, 20, 20 euros, tú, chica, 20 euros.

Ay la hostia, que se lía la cosa, que el albano-kosovar se coloca en la puerta, que de aquí no salgo vivo.

Empiezo a decir que sí, que si, que yo lavar, que si y consigo salir de la habitación. Veo camino libre hasta la puerta de la calle y salgo por patas.

Joder que movida, y se ha quedado con mi número de móvil, que estos del este seguro que me inhiben la frecuencia del móvil y me la lían, aibalahostia que acojono.

Me voy a una tienda de movistar y saco otra tarjeta. En un cómodo plazo de apenas 2 horas en a tienda me la da, y la cambio en mi móvil, por si acaso. Y mando un guasap a mis amigos diciendo que he cambiado de móvil, pero eso sí, sin dar explicaciones, que bastante se están descojonando de mi últimamente.

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@txomin43

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